Uno de los mayores peligros a los que están expuestos nuestros perros es la exposición a un tóxico. Saber actuar con la mayor rapidez puede ser clave para salvar su vida.

tóxicos

Diana Dardé | PerrosBuenos©

Primero y fundamental: en caso de sospecha de exposición a un tóxico, lo más importante es acudir a un centro veterinario lo antes posible. Para que un profesional evalúe al animal, actúe con la mayor rapidez y así evitarle en la medida de lo posible daños graves e instaure el tratamiento más adecuado para el paciente.

Sin embargo, en ciertas ocasiones se pueden realizar actuaciones que inicialmente disminuyan o eviten que el tóxico provoque daños al paciente hasta que podamos trasladarlo y que reciba atención profesional.

Siempre que vayamos a realizar alguna de las maniobras que describiremos a continuación, debemos estar bastante seguros de que se dan las condiciones necesarias para ponerlas en práctica, ya que si realizamos alguna y el perro no cumple los requisitos, podríamos agravar el cuadro en lugar de ayudarlo.

“Si realizamos alguna maniobra sin estar seguros,
podríamos agravar el cuadro

¿Qué podemos hacer?

Lee todo atentamente porque cada caso es distinto

Las principales actuaciones que podemos realizar en caso de sospecha de que el animal ha entrado en contacto con un tóxico son:

1. Llamar al teléfono de toxicología

En España disponemos del número de contacto de 24 horas para consultas médicas sobre intoxicaciones en el Centro Nacional de Toxicología 91 562 04 20.

En caso de conocer el tóxico exacto que ha ingerido nuestro animal, es posible que puedan indicarnos si la realización de alguno de los procedimientos que describiremos a continuación es adecuada, hasta que podamos trasladar a nuestro perro a que reciba atención profesional.

2. Eliminación del tóxico por lavado

Si el contacto se ha producido por vía cutánea o bien por vía oral pero por contacto (por ejemplo ha lamido una oruga, un sapo o algún producto tóxico pero sin llegar a ingerirlo), se puede intentar retirar la sustancia mediante lavado con agua corriente.

En el caso de que el contacto se haya producido por la piel primero debemos aclararlo con abundante agua. Una vez que veamos, o estemos convencidos de que hemos eliminado sino todo, al menos la gran mayoría del tóxico, podemos realizar un baño con algún champú adecuado para perros. No está indicado utilizar jabones desde el inicio, ya que en algunos casos éstos podrían reaccionar con la sustancia nociva y provocar efectos adversos, de modo que es más seguro utilizar únicamente abundante agua corriente.

Ocurre lo mismo para los tóxicos con los que han tenido contacto por vía oral. En este caso puede resultar muy útil disponer de una manguera y realizar un buen lavado de la cavidad bucal. Sin embargo debemos tener en cuenta que lo que estamos haciendo es un lavado, por tanto el animal no debe ingerir el agua, al menos no en gran cantidad, lo que también podría ser peligroso para él. De este modo la forma más correcta de hacerlo es acercar la manguera por el lateral de la boca del perro y aplicar el agua con cierta presión, de modo que arrastre el producto y salga por el otro lado de la boca sin que la trague.

Toxico

3. Provocar el vómito ¡cuidado!

Aunque es una opción posible, solo está indicada en casos muy concretos y únicamente sí se está muy seguro de que se cumplen las condiciones siguientes:

  • La ingestión del tóxico es muy reciente (menos de 10-15 minutos de antigüedad)
  • El tóxico que ha ingerido no es una sustancia cáustica o irritante.
  • En caso de que haya ingerido un cuerpo extraño, este es de pequeño tamaño o no tiene ningún zona cortante o punzante.

Si no se dan estos requisitos, provocar el vómito probablemente le de más problemas aún:

• Si la ingestión del tóxico se ha producido hace más tiempo de 15 minutos, habrá empezado ya su absorción y estará pasando a sangre circulante. Hacerle vomitar no sólo no va a conseguir la eliminación del tóxico sino que además es muy probable que empeore el estado del animal ya que, si ya está empezando a sufrir los efectos, estaremos añadiendo vómitos al cuadro clínico. Lejos de ser una ayuda, esto supondría un inconveniente adicional.

• Si el tóxico ingerido es una sustancia cáustica o irritante, al vomitar y volver a pasar de nuevo por el esófago, agravará el daño por contacto que ya ocasionó en la primera ingestión. Provocar el vómito en este caso empeoraría aún más su estado, ya de por sí grave.

• Si queremos hacer vomitar porque ha ingerido un cuerpo extraño y éste es un tamaño mediano-grande para el animal, podemos provocar que éste no solo no pueda ser expulsado por esófago, sino que además quede atascado en alguna porción del mismo. Esto haría más difícil el acceso que si estuviera en el estómago en caso de necesitar extracción quirúrgica. O bien, si es de gran tamaño, podría llegar a comprimir la traquea imposibilitando el paso de aire y provocando la asfixia del animal. Si el cuerpo extraño tiene bordes cortantes o punzantes podría llegar a provocar heridas importantes e incluso la ruptura del esófago, permitiendo el paso de contenido digestivo al espacio torácico donde se encuentran los pulmones y el corazón, causando un daño muy importante al perro.

tóxico

Así mismo, NUNCA DEBEMOS PROVOCAR EL VÓMITO A UN ANIMAL SI ESTE NO ESTÁ EN UN ESTADO NORMAL DE CONSCIENCIA. En animales deprimidos o inconscientes es posible que al vomitar, parte del contenido digestivo sea aspirado hacia respiratorio y podemos provocar una neumonía por aspiración, que es un cuadro respiratorio muy grave y con un pronóstico realmente malo.

De esta forma, como hemos podido comprobar, provocar el vómito de una forma segura está reservado a muy pocas ocasiones y, si no tenemos la certeza de que es seguro realizar esta maniobra, es mejor no hacerlo.

Para provocar el vómito se puede utilizar agua oxigenada rebajada al 20% (20ml de agua oxigenada en 100ml de agua) y se pueden administrar unos 100ml de la solución por cada 5 kg de peso.

También se puede emplear agua con gran cantidad de sal diluida (4 cucharadas soperas en un vaso de agua). La cantidad de líquido a administrar debería ser más o menos igual que en el caso anterior.

Siempre debemos tener en cuenta que, tanto el agua oxigenada como la sal, son sustancias químicamente activas, de modo que si no estamos seguros de que puedan reaccionar con el producto que ha ingerido el animal, no deberíamos tampoco utilizar este sistema.

“Si no tenemos la certeza de que es seguro provocar el vómito,
es mejor no hacerlo”

4. Administrar carbón activado por vía oral

En la mayoría de ingestiones de tóxicos por vía oral en las que hayan transcurrido más de 15-20 minutos puede ser de utilidad la administración de este producto ya que, en la mayoría de los casos, es capaz de captar al menos parte de las moléculas del tóxico y evitar la absorción del mismo en su totalidad.

Su administración no está exenta de riesgos, siendo los principales:

  • Puede provocar hipernatremia (aumento del ion sodio en sangre), debido a que “atrae” agua corporal hacia el intestino.
  • No se debe administrar a animales si su estado de consciencia está disminuido, puesto que ocasionalmente provoca vómitos y podría producirse una neumonía por aspiración.
  • En caso de que posteriormente se realice endoscopia, puede dificultar la observación de lesiones, ya que por su color oscuro complica el procedimiento.

5.  Administrar leche por vía oral

Si bien la administración de leche puede ser útil en algunos casos como ingestión de cáusticos, detergentes o sustancias irritantes y en el caso de ingestión de ciertas plantas puede reducir el dolor de las lesiones causadas en la boca, su empleo no está exento de contraindicaciones. En ciertos casos puede provocar vómitos y/o diarrea, complicando el cuadro en lugar de ser de ayuda para el paciente. Por eso, algunos autores recomiendan administrar simplemente agua para diluir el tóxico o bien no dar una cantidad de leche muy grande al animal.

Siempre debemos limitar el uso de estas técnicas a situaciones en las que no tengamos acceso a atención veterinaria en un plazo corto de tiempo, ya que una de las claves para que el animal tenga un mejor pronóstico y mayores probabilidades de supervivencia en casos graves, es recibir la atención especializada con la mayor brevedad posible.

Debemos tener muy claro que se pueden emplear estas técnicas si no hay otras opciones disponibles y siempre con precaución. Si bien en algunas ocasiones podrían ayudar a salvar la vida del perro, en otras podrían provocar más daños que beneficios si no se procede de forma responsable.

Diana Dardé es veterinaria colegiada Madrid-5053. Trabaja en el
Centro veterinario Movilvet y es colaboradora de PerrosBuenos y PerrosdeBusqueda.

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Categoría: Blog

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