La leishmaniosis es una de las enfermedades que más nos preocupan a los propietarios de perros en la actualidad pero ¿conocemos realmente en que consiste el proceso? ¿sabemos como prevenirla? ¿entendemos las implicaciones que tiene la enfermedad si nuestro perro la contrae?
Este artículo está orientado a dar una visión de la enfermedad de un modo sencillo y comprensible, para que los propietarios entendamos bien a que nos enfrentamos, adecuemos las medidas preventivas a nuestro perro y su entorno, y en caso de que contraiga la enfermedad, entendamos a que nos enfrentamos y las implicaciones del tratamiento

leishmaniosis


Por Diana Dardé Rojo

Veterinaria col.COVM 5053

Introducción: ¿Que es la leishmaniosis y como puede nuestro perro contraerla?

La leishmaniosis es una enfermedad infecciosa provocada por un microonganismo, concretamente un protozoo, conocido como leishmania infantum. Para poder entender mejor como se desarrolla la enfermedad, debemos conocer su “ciclo biológico”, es decir, lo que tiene que ocurrir desde que una leishmania infecta a un perro hasta que llega a infectar al siguiente. Es un ciclo complejo, pero intentaremos resumirlo y explicarlo de forma sencilla.

Las leishmanias pueden adoptar dos formas a lo largo de su vida:

– La forma en la que leishmania vive dentro del perro se llama amastigote. El amastigote es capaz de vivir y múltiplicarse dentro de las células del perro pero no puede infectar a otros animales en esta forma.

– La forma infectiva de leishmania es el promastigote. Esta es la forma que el mosquito le inocula al perro y la que ocasiona la infección. Al picar al perro, el mosquito ingiere amastigotes y dentro de él pasan a promastigotes, por lo que la participación del mismo es imprescindible para la transmisión de la enfermedad.

El paso de amastigote a promastigote sucede dentro del mosquito, por lo cual es necesario que en la transmisión natural de la enfermedad esté presente dicho mosquito. Por este motivo, la transmisión directa de un perro a otro, así como de perro a humano, NO ES POSIBLE.

La única forma en la que la transmisión es posible de un perro a otro es realizando una transfusión sanguínea de un perro infectado a uno sano. Es por ello que si queremos utilizar a nuestro perro como donante, es condición imprescindible que sea negativo en leishmania. Hasta la fecha no se han demostrado otras formas de transmisión de la enfermedad, aunque no se puede descartar que futuras investigaciones demuestren su existencia.

leishmania

¿Como afecta la leishmania a nuestros perros si resultan infectados?

Como hemos visto en el apartado anterior, la leishmania accede a nuestro perro a través de la picadura de un mosquito. Una vez que el mosquito ha inoculado los microorganismos en el perro estos provocan una respuesta inmune.

Todos sabemos que existen dos tipos de respuesta inmune en el animal:

  • La que conocemos como respuesta inmune celular, en la que participan una serie de células que directamente destruyen a las leishmanias. Es una respuesta muy eficaz, y si el perro tiene un buen sistema inmune celular, es capaz de deshacerse de la infección de forma natural.
  • La que nombramos como respuesta inmune humoral, que es la que intervienen los famosos anticuerpos.

Estos anticuerpos que el organismo genera contra las leishmanias no son muy efectivos en su destrucción y además, cuando sí la logran, originan inmunocomplejos. Para entendernos, estos inmuncomplejos serían como “trocitos” de leishmanias destruidas que el organismo no elimina demasiado bien y que se depositan en diferentes órganos como riñones o articulaciones, generando una respuesta inflamatoria en los mismos que afecta a su funcionamiento.

La transmisión directa de un perro
a otro, 
así como de perro a humano,
NO ES POSIBLE

De este modo, aunque todos los perros generan ambos tipos de respuesta inmune, dependiendo de cual predomine, el animal desarrollará o no la enfermedad.

En el caso de que el sistema inmune del perro no sea capaz de vencer a las leishmanias, estas empezarán a multiplicarse en el organismo dando lugar a diferentes síntomas:

  • Síntomas cutáneos: Son de los más frecuentes y los presentan un gran número de perros afectados por la enfermedad. Son muy variables pero los más habituales son engrosamiento de la piel, descamación, heridas que no terminan de curar, trufa reseca y quebradiza, crecimiento exagerado de las uñas, etc…
  • íntomas relacionados con enfermedad renal como puede ser exceso de ingesta de agua y aumento del número de veces que orina el animal, decaimiento, falta de apetito, etc.
  • Problemas articulares que pueden cursar con inflamación de una o varias articulaciones del perro, lo que puede terminar generando artrosis de las mismas, cojeras, etc…
  • Síntomas oftalmológicos, sobre todo generan inflamación de la cámara anterior del ojo, lo que se conoce como uveitis. Lo que observamos en el perro es un enrojecimiento del globo ocular, además toman un aspecto más “opaco”.
  • Síntomas digestivos. Son más infrecuentes y sobre todo dan diarreas que no responden a tratamiento.
  • Sangrado nasal, también conocido como epistaxis.
  • Otros, como adelgazamiento, atrofia muscular, fiebre, etc… que pueden aparecer en formas avanzadas de la enfermedad.
  • También puede dar algunos cuadros más infrecuentes como pueden ser problemas neurológicos, ya que pueden ocasionar meningitis.

Generalmente la enfermedad es de curso lento, es decir, desde que el animal la contrae hasta que empiezan a aparecer los síntomas pasa bastante tiempo (meses e incluso años), por lo que un diagnóstico precoz es una de las claves del éxito en el tratamiento de la misma.

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¿Que podemos hacer para prevenir la leishmaniosis?

Como hemos visto hay dos puntos clave que determinan que el animal se infecte:

  • Por una parte es necesario que la transmita un mosquito mediante su picadura, por lo que si evitamos o reducimos el acceso de los mismos a nuestro perro, dificultaremos que se produzca la infección.
  • Por otra parte si los mosquitos llegan a picar a nuestro perro y le infectan, si su sistema inmune es eficiente, es decir, si nuestro perro genera una buena respuesta inmune celular, él por si mismo “matará” a las leishmanias y eliminará la infección.

De este modo podemos proteger a nuestro perro utilizando dos sistemas, que además son complementarios:

En primer lugar reduciremos el número de mosquitos que pueden picar a nuestro perro empleando antiparasitarios externos que contengan algún tipo de repelente frente a la picadura del mosquito que transmite la leishmaniosis (phlebotomus spp). Actualmente existen en el mercado una gran variedad de antiparásitarios externos que incluyen en su composición sustancias repelentes para el mosquito, generalmente en combinación con otros componentes que previenen también la infección por pulgas y garrapatas. Existen ademas presentaciones de los mismos tanto en collar como en pipeta para poder ajustar el producto a emplear a las necesidades concretas de cada perro.

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En segundo lugar, fortaleceremos el sistema inmune celular de nuestro perro para que en caso de que algún mosquito llegue a picarle e introduzca leishmanias en su organismo, éste pueda defenderse y eliminar la infección. Esto podemos de hacerlo de dos formas:

Mediante el uso de un jarabe cuyo principio activo es la domperidona
Este principio activo estimula la función del sistema inmune celular y por tanto, lo que haría sería que nuestro perro tenga más potenciada esta inmunidad y, si llega a entrar en contacto con las leishmanias, se defenderá de un modo más eficaz.

Debido a que su efecto lo ejerce en el momento de la administración, hay diferentes pautas en función de si el perro vive en una zona con mayor o menor riesgo. De este modo y a grandes rasgos:

– en zonas de alto riesgo se administraría un mes sí y tres no durante todo el año.
– en zonas de riesgo intermedio se administraría un mes al principio de verano (mayo por ejemplo) se descansarían tres meses y se administraría un segundo ciclo de un mes (septiembre).
– en zonas de bajo riesgo bastaría con un único ciclo al empezar el calor (junio por ejemplo).

La pauta de administración se debe a que el producto funciona el mes en el que se administra y después mantiene su eficacia aunque no se esté administrando, otros 3 meses, de modo que en función de si el animal sigue necesitando protección o no, se administrará o no otro ciclo. La protección que confiere la administración del producto es de un 75-80%, que es muy similar a la de las vacunas.

Mediante la administración de una vacuna
Las vacunas lo que harían sería generar una respuesta inmune efectiva para leishmania tras su administración. En la actualidad existen dos vacunas en el mercado de diferentes laboratorios y que tienen diferentes características:

– La primera en salir al mercado requiere tres dosis separadas tres semanas en la primovacunación, seguidas de una revaluación anual. Los principales inconvenientes de esta vacuna son, aparte de la dosificación inicial que requiere tres inyecciones, que la incidencia de reacciones vacunales, así como la intensidad de las mismas, son algo más elevadas que con las vacunas habituales. Así mismo, en caso de una infección, no se puede diferenciar entre la infección natural y la producida por la vacuna, de modo que es posible que tengamos animales positivos a leishmania que lo sean por la vacunación frente a otros vacunados que sí hayan contraído la enfermedad, dado que la eficacia de la vacuna es de un 75-80% aproximadamente (es posible que a pesar de la vacunación el animal contraiga la enfermedad).

– Otro laboratorio ha comercializado otra vacuna para leishmania que lleva aproximadamente dos años en el mercado. Las ventajas que ofrece frente a la anterior son, que requiere una única dosis en la primovacunación frente a las tres dosis que requería la anterior, la incidencia de reacciones vacunarles es menor que en la otra y son más leves y en este caso sí son diferenciables la infección natural de la vacunal, de modo que si un animal vacunado es positivo, lo es porque ha contraído la enfermedad y no por la vacunación. La eficiencia de esta vacuna es muy similar a la de la otra rondando el 75-80% de protección.

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Las vacunas deben ponerse en invierno, ya que se requiere aproximadamente un mes desde la última dosis de la primovacunación hasta que el animal está protegido. En cualquier caso se debe emplear únicamente uno de los dos métodos para estimular la inmunidad, ya que aún no existen estudios de su empleo conjunto. Siempre se administrarán en animales mayores de 6 meses, ya que anteriormente a eso el sistema inmune celular no está completamente maduro y se debe hacer una analítica previa que debe ser negativa. No tiene mucho sentido emplear pautas preventivas en un animal ya infectado, que lo que necesitaría sería ser tratado de la enfermedad.

Por supuesto sí que, como hemos mencionado anteriormente, es recomendable emplear un producto repelente de mosquitos combinado con uno de los sistemas para aumentar la inmunidad. En el caso del jarabe existe un estudio hecho y la protección combinando ambos sistemas puede llegar al 90%.

¿Y si mi perro es pósitivo a leishmania es muy grave?¿Que posibilidades hay de que el tratamiento funcione?¿Cual es el pronostico de la enfermedad?

Como hemos mencionado en otro apartado, la leishmania es una enfermedad que tarda bastante tiempo en hacer daño al perro. De este modo, una detección precoz es ESENCIAL a la hora del pronostico de un animal.

¿cómo diagnosticamos leishmania a un perro?

Ya describimos con anterioridad que los perros que desarrollan una infección por leishmania son aquellos que fabrican una gran cantidad de anticuerpos contra ella. De este modo, cuantos más anticuerpos antileishmania tenga un perro, más indicativo es de que está desarrollando la enfermedad. Los laboratorios lo que hacen es una medición de estos anticuerpos y con ello dan un resultado, que es lo que conocemos como “título de leishmania”.

Títulos altos indican un mayor número de anticuerpos que títulos bajos. Generalmente, los animales requieren unos tres meses desde la infección hasta que podemos detectar el positivo, ya que es el tiempo aproximado que un perro necesita para formar estos anticuerpos y que se pueda medir esta elevación. De este modo, el período más adecuado para realizar las analíticas de control comprende de diciembre a febrero aproximadamente, es decir, unos meses tras finalizar el verano, que es cuando están activos los mosquitos transmisores de la enfermedad.

Sin embargo, que un determinado paciente tenga un título más alto no es indicativo de que esté peor que otro que tenga una titulación más baja. Que el animal esté mejor o peor no depende de la cantidad de anticuerpos que haya, sino del tiempo que hace que se ha infectado, de modo que animales infectados desde hace más tiempo pueden estar peor aunque tengan un título menor, que otros que con un título mayor pero con un menor tiempo de infección. De ahí en que los veterinarios insistamos en realizar analíticas de control, ya que es esencial un diagnóstico precoz para instaurar un tratamiento adecuado en las fases iniciales de la enfermedad.

Ya sabemos entonces que un animal con un título positivo a leishmania simplemente significa que está infectado por la misma y que puede estar desarrollando la enfermedad pero no sabemos si a las leishmanias les ha dado o no tiempo a hacer daño al organismo del perro. Entonces, ¿cómo determinamos si el perro está poco o muy afectado?. Debemos realizar pruebas complementarias y, en función del resultado, veremos si a las leishmanias les ha dado tiempo a hacer daño al perro o aún no.

Para ello se deben realizar varias pruebas:

  • Reconocimiento general. Es esencial realizar una buena revisión física del paciente, ya que en función de las alteraciones encontradas en una exploración rutinaria podemos hacernos idea de si hay algún hallazgo compatible con el desarrollo de la enfermedad o aún ni siquiera existen alteraciones físicas generadas por la misma.
  • Proteinograma. En este análisis lo que vemos son las diferentes proteínas que hay en la sangre y en que cantidad está presente cada una. Los anticuerpos son unas de estas proteínas y hay diferentes tipos de ellos. En el caso de que la leishmaniosis esté activa, lo que vemos es un aumento en las gamma globulinas por encima de los valores normales. Este aumento puede ser más o menos acusado y en animales en los que el problema es aún incipiente, pueden encontrarse incluso dentro de límites normales.
  • Análisis básico. En él se valorará si hay o no anemia, alteraciones en los glóbulos blancos y sobre todo, si hay daño renal que, como hemos dicho, es uno de los órganos vitales que se ven afectados en el desarrollo del proceso.

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Si un animal tiene una exploración clínica normal y no hay alteraciones ni en el análisis básico ni en el proteinograma o éstas no son muy importantes, se puede diseñar un protocolo de tratamiento sin realizar más pruebas complementarias. En el caso de que haya muchos signos clínicos y/o alteraciones importantes en las otras pruebas, es recomendarle realizar más pruebas complementarias. Las más habituales son la ecografía abdominal y UPC (pruebas que generalmente se emplean para evaluar mejor el riñón), aunque pueden requerirse algunas más en función del cuadro clínico y la evolución del animal.

Una vez que se ha realizado la completa evaluación del paciente, se diseña un protocolo de tratamiento, que se individualiza en función de cada caso. Generalmente los pacientes que no tienen alteraciones significativas suelen tener buena evolución y únicamente requieren controles periódicos para vigilar que la enfermedad no vuelve a aparecer. En pacientes en los que ya existe síntomatología clínica manifiesta sobre todo si hay daño renal, el pronóstico puede ser peor. Sin embargo la recomendación es tratar a todos los pacientes puesto que si se logra controlar la enfermedad, que con un buen protocolo de tratamiento es posible en la mayoría de los casos, los animales se recuperan clínicamente y pueden llevar una vida normal durante años, probablemente teniendo una esperanza de vida normal para un perro de esa raza y sin volver a presentar problemas asociados a la leishmaniosis. La eutanasia debe reservarse únicamente para los casos en los que se presente daño renal irreversible, siendo muy escasos estos pacientes entre los animales en los que se hacen controles periódicos de detección.

Además es importante tratar a los perros, no sólo por su salud, sino porque un perro tratado y controlado, deja de tener leishmanias circulantes en el organismo de modo que deja de ser un reservorio de la enfermedad y por tanto una fuente de contagio para otros, aunque insisto, en que un perro positivo en ningún caso puede contagiar a otros perros ni a humanos de forma directa.

¿Y cuales son las conclusiones?

De todo esto podemos concluir lo siguiente:

  • Es importante proteger a nuestros perros sobre todo en zonas de riesgo moderado y grave, para prevenir la aparición de la enfermedad.
  • Los principales sistemas de protección son la administración de antiparasitarios externos que contengan repelentes para phlebotomos y estimulantes del sistema inmune celular (vacunas o domperidona). Se recomienda siempre emplear la asociación de ambos productos.
  • Las analíticas de control deben realizarse regularmente según la recomendación del veterinario que esté a cargo del animal.
  • Un diagnostico precoz es esencial.
  • Si en el peor de los casos nuestro perro contrae la enfermedad, los tratamientos actuales son muy efectivos y permiten controlarla en prácticamente la totalidad de los casos, de modo que un perro con leishmania y un buen tratamiento puede llevar una vida larga y feliz.
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Categoría: Blog

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